Páginas vistas en total

domingo, 15 de abril de 2012

LOS JUEGOS DEL HAMBRE, EN LLAMAS Y SINSAJO

Hoy haré un resumen con mis partes favoritas de mis primero libros, la trilogía de Suzanne Collins, LOS JUEGOS DEL HAMBRE.


La multitud contiene el aliento, se podría oír un alfiler caer, y yo empiezo a sentir náuseas y a desear desesperadamente que no sea yo, que no sea yo, que no sea yo. Effie Trinket vuelve al podio, alisa el trozo de papel y lee el nombre con voz clara; y no soy yo.
Es Primrose Everdeen.
Aquí, me quedé en shock la primera que vez que me leí los libros :$


Es ese detalle, la blusa que forma una colita de pato, lo que me hace volver a la realidad.
--¡Prim! --El grito estrangulado me sale de la garganta y los músculos
vuelven a reaccionar--. ¡Prim! No me hace falta apartar a la gente, porque los otros chicos me abren cuando está a punto de subir los escalones y la empujo detrás de mí.
--¡Me presento voluntaria! --grito, con voz ahogada--. ¡Me presento
voluntaria como tributo!
OTRA VEZ EL SHOCK#


Entonces pasa algo inesperado; al menos, yo no lo espero, porque no creo que el Distrito 12 sea un lugar que se preocupe por mí. Sin embargo, algo ha cambiado desde que subí al escenario para ocupar el lugar de Prim, y ahora parece que me he convertido en alguien amado. Primero una persona, después otra y, al final, casi todos los que se encuentran en la multitud se llevan los tres dedos centrales de la mano izquierda a los labios y después me señalan con ellos. Es un gesto antiguo (y rara vez usado) de nuestro distrito que a veces se ve en los funerales; es un gesto de dar gracias, de admiración, de despedida a un ser querido.
Esto fue mas bien una sensación de emoción!!


Pero no era ella, era el chico, y en los brazos llevaba dos enormes panes
que debían de haberse caído al fuego, porque la corteza estaba ennegrecida.
Su madre le chillaba: «¡Dáselo al cerdo, crío estúpido! ¿Por qué no?
¡Ninguna persona decente va a comprarme el pan quemado!».
El chico empezó a arrancar las partes quemadas y a tirarlas al comedero;
entonces sonó la campanilla de la puerta de la tienda y su madre desapareció
en el interior, para atender al cliente. El chico ni siquiera me miró, aunque yo sí lo miraba a él, por el pan y por el verdugón rojo que le habían dejado en la mejilla. ¿Con qué lo habría golpeado su madre? Mis padres nunca nos pegaban, ni siquiera podía imaginármelo. El chico le echó un vistazo a la panadería, como para comprobar si había moros en la costa, y después, de nuevo atento al cerdo, tiró uno de los panes en mi dirección. El segundo lo siguió poco después y, acto seguido, el muchacho volvió a la panadería arrastrando los pies y cerró la puerta con fuerza. Me quedé mirando el pan sin poder creérmelo. Eran panes buenos, perfectos en realidad, salvo por las zonas quemadas. ¿Quería que me los llevase yo? Seguro, porque los tenía a mis pies. Antes de que nadie pudiese ver lo que había pasado, me metí los panes debajo de la camisa, me tapé bien con la chaqueta de cazador y me alejé corriendo. Aunque el calor del pan me quemaba la piel, los agarré con más fuerza, aferrándome a la vida.
Hasta el día de hoy, no he sido capaz de romper la conexión entre este chico, Peeta Mellark, el pan que me dio esperanza y el diente de león que me recordó que no estaba condenada. Esta parte, por poco y me saca unas lagrimitas c': es tan hermoso, y ahí está una de mis frases preferidas.

--Te dejan llevar una cosa de tu distrito en el estadio, algo que te recuerde a casa. ¿Querrías llevar esto? Me ofrece la insignia circular de oro que antes le adornaba el vestido. Aunque no le había prestado mucha atención hasta el momento, veo que es un pajarito en pleno vuelo.
--¿Tu insignia? --le pregunto.
Llevar un símbolo de mi distrito es lo que menos me preocupa en estos momentos. --Toma, te lo pondré en el vestido, ¿vale? --No espera a mi respuesta, se inclina y me lo pone--. Katniss, prométeme que lo llevarás en el estadio, ¿vale?
--Sí. Siiii, aqui está el famoso pin del sinsajo!!!!

--Quiero que el público te reconozca cuando estés en el estadio –dice Cinna en tono soñador--: Katniss, la chica en llamas. Cinna, no solo el estilista de Katniss, el será su amigo..Peeerooo... NO CUENTO MAS!! NO QUIERO SPOILEAR A NADIE

Lanzo y veo que no se me da demasiado mal, siempre que no esté muy lejos; entonces localizo a la niña del Distrito 11 detrás de nosotros, observándonos. Es la de doce años, la que me recordaba tanto a Prim por su estatura. De cerca aparenta sólo diez; sus ojos son oscuros y brillantes, su piel es de un marrón sedoso y está ligeramente de puntillas, con los brazos extendidos junto a los costados, como si estuviese lista para salir volando ante cualquier sonido. Es imposible mirarla y no pensar en un pájaro. Cojo otra lanza mientras Peeta tira.
--Creo que se llama Rue --me dice en voz baja. Me muerdo el labio. Rue, la armaga, una pequeña flor amarilla que crece en la Pradera. Rue..., Prim... Ninguna pasa de los treinta kilos, ni empapadas de agua. Rue, una niña que recuerda taaantooo a prim c': .

Ha sido una exhibición excelente. Me vuelvo hacia los Vigilantes y veo que algunos me dan su aprobación, pero que la mayoría sigue concentrada en un cerdo asado que acaba de llegar a la mesa. De repente, me pongo furiosa, me quema la sangre el que, con mi vida en juego, ni siquiera tengan la decencia de prestarme atención, que me eclipse un cerdo muerto. Empieza a latirme el corazón muy deprisa, me arde la cara y, sin pensar, saco una flecha del carcaj y la envió directamente a la mesa de los Vigilantes. Oigo gritos de alarma y veo que la gente retrocede, pasmada; la flecha da en la manzana que tiene el cerdo en la boca y la clava en la pared que hay detrás. Todos me miran, incrédulos.
--Gracias por su tiempo –digo. Así es como obtiene el número 11 en la calificación, como? por su actitud rebelde, o eso creo que es lo que buscan los vigilantes.


El Distrito 12 sale el último, como siempre. Peeta saca un ocho, así que, al menos, un par de Vigilantes lo estaban mirando. Me clavo las uñas en las palmas de las manos cuando aparece mi cara, esperando lo peor. Entonces sale el número once en la pantalla. el 11, no solo gana la aprobación de los vigilantes y le hace obtener patrocinadores, tambien la covierte en un objetivo una vez en la arena..


--¿Cómo te llamas? --me preguntó, acercándose para sacar el conejo de la trampa. Tenía otros tres colgados del cinturón.
--Katniss --respondí, con una voz apenas audible.
--Bueno, Catnip, robar está castigado con la muerte, ¿no lo habías oído?
--Katniss --repetí, en voz más alta--. Y no estaba robando, sólo quería echarle un vistazo a tu trampa. Las mías nunca cogen nada.
--Entonces, ¿de dónde has sacado la ardilla? --me preguntó, frunciendo el ceño, poco convencido.
--La maté con el arco --respondí, descolgándomelo del hombro. Seguía usando la versión pequeña que me había hecho mi padre, aunque practicaba con el grande siempre que podía. Esperaba poder abatir presas más grandes cuando llegara la primavera.
--¿Puedo verlo? --preguntó Gale, con la mirada fija en el arco.
--Sí, pero recuerda que robar está castigado con la muerte --le dije, pasándoselo. Fue la primera vez que lo vi sonreír; la sonrisa convertía al chico Amenazador en alguien a quien te gustaría conocer, aunque tuvieron que pasar varios meses para que volviese a sonreír de nuevo.
Gale me dio la seguridad que me faltaba desde la muerte de mi padre. Su compañía sustituyó a las largas horas solitarias en el bosque. Mejoré mucho como cazadora, porque ya no tenía que estar siempre mirando atrás; él me guardaba las espaldas. Sin embargo, se convirtió en mucho más que un compañero de caza, se convirtió en mi confidente, en alguien con quien compartir pensamientos que nunca podría expresar dentro de los confines de la alambrada. A cambio, él me confió los suyos. Había momentos en el bosque, con Gale, en los que era realmente... feliz. Así es como se conocen, gale y katniss, una amistad de la verdadera, pero despues de los juegos, nunca volverá a ser lo mismo :c

--Entonces volvamos al momento en que dijeron el nombre de tu hermana en la cosecha --sigue el presentador, con un tono más pausado--. Tú te presentaste voluntaria. ¿Nos puedes hablar de ella? No, no, no, a vosotros no, pero quizá a Cinna sí. Creo que no me estoy imaginando la tristeza que expresa su rostro.
--Se llama Prim, sólo tiene doce años y la amo más que a nada en el mundo.
El silencio era tan absoluto que no se oía ni un suspiro.
--¿Qué te dijo después de la cosecha? Sé sincera, sé sincera. Trago saliva.
--Me pidió que intentase ganar como pudiera.
La audiencia está paralizada, pendiente de cada palabra.
--¿Y qué respondiste? --pregunta Caesar, con amabilidad, pero, en vez de sentirme arropada, noto que un frío glacial me recorre el cuerpo y que pongo los músculos en tensión, como antes de atrapar una presa. Cuando hablo, mi tono de voz parece haber bajado una octava.
--Le juré que lo haría. Prim otra vez, katniss la ama mas que a nada en el mundo, y quien no!! Desde que Katniss se ofreció por ella el día de la cosecha, Prim También obtuvo su propia fama c:


Me paso aturdida la primera parte de la entrevista de Peeta, aunque veo que tiene al público en sus manos desde el principio; los oigo reír y gritar. Está utilizando lo de ser el hijo del panadero para comparar a los tributos con los panes de sus distritos. Después cuenta una anécdota divertida sobre los peligros de las duchas del Capitolio.
--Dime, ¿todavía huelo a rosas? --le pregunta a Caesar, y después se pasan un rato olisqueándose por turnos, lo que hace que todos se partan de risa. Empiezo a recuperar la concentración cuando Caesar le pregunta si tiene una novia en casa.
Peeta vacila y después sacude la cabeza, aunque no muy convencido.
--¿Un chico guapo como tú? Tiene que haber una chica especial. Venga, ¿cómo se llama?
--Bueno, hay una chica --responde él, suspirando--. Llevo enamorado de
ella desde que tengo uso de razón, pero estoy bastante seguro de que ella no sabía nada de mí hasta la cosecha. La multitud expresa su simpatía: comprenden lo que es un amor no correspondido
--¿Tiene a otro?
--No lo sé, aunque les gusta a muchos chicos.
--Entonces te diré lo que tienes que hacer: gana y vuelve a casa. Así no
podrá rechazarte, ¿eh? --lo anima Caesar.
--Creo que no funcionaría. Ganar... no ayudará, en mi caso.
--¿Por qué no? --pregunta Caesar, perplejo.
--Porque... --empieza a balbucear Peeta, ruborizándose--. Porque... ella

está aquí conmigo. Así es como el chico del pan confiesa su amor a La chica en llamas, [Así se hacen las verdaderas tostadas!!Oqya#] Esa parte es tan hermosa que me dejó sin aliento, hazta salté de la emoción, Quien no querrá a alguien como 'el!!
HASTA AQUI LA PRIMERA PARTE DEL PRIMER LIBRO, MAÑANA HARÉ LAS DE LA SEGUNDA PARTE

No hay comentarios:

Publicar un comentario